Esa exultante alegria de querer cambiar esas verdades que, en verdad, a menudo, ciementan nuestra frustracion asi como fracaso. Esta duda , que duda cabe, digna de ser reflexionada asi como problematizada, es decir, como medir los standares de calidad y de aprendizaje desde la perspectica de una realidad cultural prevaleciente de la sociedad del conocimiento.
Sin duda, significa, cuestionarse todo aquello que la razon ilustrada y constructivista nos ha ofrecido en su desmadre bestial por saber. Esa es la cuestion. En tiempos sinuosos y de atomizacion de referentes discursivos resulta esencial preguntarse por el alcance y sentido de la Educacion.
Esta, obviamente, ese prurito por disolver esos rituales, costumbres, tradiciones, comportamientos, conductas que jibarizaban al hombre a un estado embrionario de su pensar siquico. Para ello, algunos autores dedicados a la tarea de pensar en modelos de calidad educativos desde un analisis riguroso a partir del lenguaje , en rigor, Fernando Flores y Francisco Varela exponen una vision lucida, clara, asertiva y sin anacronismos historicos el rol que le compete a la Educacion como el agente tributario de realidadas cognoscitivas que emancipan al individuo como sujeto critico en circunstancias historicas de incertidumbre y oportunidades
Una ola de creciente inquietud y perplepidad nos circunda. No podemos escapar de la situación de cambios fulminantes que afecta a todo el planeta en la hora presente. Tras llegar al final de una larga etapa de la historia de Occidente, nuestra civilización se encuentra en un terreno desconocido. No todo es oscuro: sabemos que el momento contiene en germen posibilidades enormes para reinventar el futuro, y de modo muy especial dada su circunstancia, lo que podría ser Chile. Pero al mismo tiempo estamos conscientes que si no nos hacemos cargo de la coyuntura histórica, quedaremos a la deriva de tiempos aciagos.
Lo educativo estará en el centro del mundo en la próxima década. A nivel mundial habrá que decidir cómo entrará la educación en el futuro. No es momento de preguntarse ¿qué es la educación? sino cómo lo emplazaremos dentro de los cambios que vivimos. Existe una tendencia a dar por sabido en qué consiste lo que vale la pena enseñar, pero en los últimos años ha quedado en claro que en nuestro tiempo gran parte de lo que aprendemos deja de ser útil con rapidez.
En este documento proponemos una línea de acción declarativa: una mirada a la contingencia mundial, una interpretación de lo que somos, y una señal sobre el camino que se puede abrir a nuestro paso. Hablamos como padres intranquilos por la vida que se ofrece a nuestros hijos. Hablamos a los jóvenes que a la hora de tomar su propia existencia en las manos, dudan, esperan y demoran, con razón, pues los modelos tradicionales ya no son adecuados.
Sentimos perplejidad ante los cambios en el mundo del trabajo. El esfuerzo de los padres al enviar a sus hijos al colegio y a la educación superior, para que adquieran diplomas que certifican saberes y conocimientos técnicos, ya no asegura un puesto de trabajo y un desarrollo personal conforme con esos años de preparación. Las modificaciones en los sectores laboral e institucional empiezan a ser tan rápidas que las profesiones y carreras de siempre han dejado de ser los nichos estables, resguardados, de antes. Tampoco podemos ofrecer los habituales planes de estudio como objetivos principales de la capacitación que la educación chilena ofrece a la juventud. El desempleo, hasta hace poco considerado un mal propio de los países pobres, ha pasado a ser un impedimento recurrente en el primer mundo. Así lo demuestran por ejemplo, las dificultades de la construcción de la Europa comunitaria. Desde la perspectiva empresarial, ya no es posible apostar por la solidez de los grandes consorcios. La jibarización súbita de este gigante de la estabilidad occidental, la compañía de computadoras IBM, marca un hito histórico.
Como contraste, un joven sin educación formal, Bill Gates, fundador de la compañía de software Microsoft, se transforma en pocos años en la primera fortuna de los Estados Unidos. No podemos desconocer estas situaciones: el mundo productivo ha entrado en un proceso de fluidez, hasta ahora desconocido. Esta contingencia, como el desempleo, desata nuestra perplejidad. Pues aunque Chile goza hoy de un período de aparente prosperidad, incluso esta situación es frágil, observada en el contexto internacional de los mercados y de la degradación ecológica.
Sentimos perplejidad ante los cambios en las instituciones y la vida en sociedad tal como la hemos conocido durante nuestro ciclo vital, la abrupta desaparición de la Unión Soviética es una advertencia: un cataclismo se ha dejado sentir en lo que parecía ser la segunda potencia del orbe. Se ha venido abajo una de las columnas del sistema mundial. Entre tanto, en países como Francia y los Estados Unidos inventores de la democracia, el modelo de los partidos políticos, vector de las inquietudes de los ciudadanos se quiebra, la clase política es percibida con cinismo y distancia, ya hasta la noción de “democracia representativa” es puesta en duda. Frente a este acontecer nos invade un estado de ánimo de resignación, de renuncia, y ya no queremos buscar la articulación y funcionamiento de la agobiada diversidad de grupos sociales. Intereses divergentes y proyectos contradictorios nos rodean.
En nuestra América Latina esta fragmentación ha dejado su huella en los ciclos de violencia institucionalizada que sufren nuestros países, donde a la extrema pobreza se agregan los nacionalismos y los racismos, la droga y los gobiernos paralelos que ésta fomenta.
La más grande y paralizante perplejidad, sin embargo, nos aparece frente a los quiebres en los valores y en la ética ciudadana. A la inestabilidad en el campo del trabajo y las instituciones, se corresponde una preocupante proliferación de ortodoxias moralistas sectarias, cada una de las cuales pretende poseer la razón final. En ese entorno, los nacionalismos ciegos y los intentos totalitarios de izquierda y derecha, confluyen y se hermanan.
En el campo opuesto, entre los que aparentemente no imponen su postura a nadie, la fragmentación alimenta una actitud nihilista que de modo cínico se dedica a maximizar sus ventajas individuales, con poca o ninguna consideración por el medio social, nacional o ambiental. Es una mutación de valores que se manifiesta en un sordo dejar hacer, el cual, en nombre del respeto a las creencias ajenas, desconoce un compromiso íntimo con la dimensión espiritual de nuestra vida.
En medio de la bulla continúa la erosión de las antiguas instituciones religiosas que se ajan igual que las instituciones civiles. El cristianismo ha dejado de ser punto de referencia obligado de Occidente. En América Latina, hoy, menos de la mitad de los creyentes se identifican con la Iglesia Católica. Entretanto, los jóvenes no se apocan para sostener que al abordar la experiencia interior, la estética de la música moderna les “dice” mucho más que ningún otro lenguaje.
Hablamos de la tríada de trabajo, instituciones y valores para evocar las perplejidades y desorientaciones de la hora presente. Ante este estado de cosas, no es de extrañarse que cunda el temor, en muchos casos justificado. Dada las profundas interdependencias en los cambios sociales, demográficos y ambientales de los sectores que hemos esbozado, sin una actitud decidida y creadora, el futuro seguramente traerá desempleo, obsolescencia y fragmentación destructiva
Por lo visto, es lo que hay. Y se agradece un vendaval de ideas profundamente criticas acerca de los errores y de la estupidez con enfasis humana en lo tocante a que aprender en estos tiempos de incertidumbre. Esa es la cuestion de hecho. Tambien, en estos tiempos de disociacion identitaria. a los jovenes se le tratan como si fueran la matriz en donde se esta formando una alternativa futura que todavia es excesivamente fragil.
Por lo visto, el nacimiento de una contracultura cuyas reflexiones sobre la sociedad tecnocratica y de su oposicion juvenil tiene que ser un habito prevalecientes de lo que querenos , en verdad, narrar y, por cierto, evocar. Nosotros somos el mundo. Una profunda reestructuracion de los estilos de vida y valores en lo que se basa la existencia ordinaria de las personas.
Mientras articulo apunta a la larga de historia de equivocos sociales aplicado en neustro pais, sea en Democracia o Dictadura. Por lo menos, hay una tisbo de solucion conforme a lo expresado por estos 2 reputados autores. Y con ello, y se agradece con cierta atormentada genialidad de la sospecha aflora en este problema manteniendo el eterno retorno a momentos tras momentos al fragor de la renovacion del instante presente que intriga e incluso acalla nuestras instruccion educativa acerca de programas de estudios institucionalizados.
Ante la opinion de los plumiferos vociferantes acerca de los regimenes democraticos, considero , indefectiblemente, que hay que seguir luchando por lo que cree tener, , claramente, que el ideal del nuevo hombre es su grandeza para superarse desde su ocaso.
.http://www.fernandoflores.cl/node/2235
EDUCACIÓN Y TRANSFORMACIÓN Preparemos a Chile para el Siglo XXIPor Fernando Flores L. y Francisco J. Varela G