La crisis educacional, en este caso, en nuestro pais, aun cuando tambien es universal, que muchas veces se desliza hacia el tema de la metodología o de la evolución, reposa hoy más que nunca sobre esa duda fundamental. Es una crisis de creencias. No sabemos a ciertas que educar. Por lo tanto, no existe sino un añadir tradiciones, sumar contenidos, conjugar objetivos, aunque entre ellos carezcan de una coherencia interna. Estamos ávidos por diseminar un hambre bestial por educar, que puede ser el contrapunto de aquellas inseguridades, de la falta de fundamentos consensuados, del colapso del canon.Esta razon constructivista que significa que a traves de la educacion significa una enorme y sistema intervención que los padres o el Estado hacen en las vidas de sus hijos. Nunca deberia perderse de vista el componente azaroso de este intento. Vislumbramos que los proyectos educacionales pecan de una fatal arrogancia ante la carencia de acuerdos que una tradición unitaria proporcionaba, el plan educacional lejos de limitarse se expande, se atiborra y congestiona… En consecuencia, ¿acaso podríamos confiar en que un proyecto educacional que pretende lograr un cierto tipo de personas, o personas con ciertas habilidades, contenidos y valores innatos, va a tener éxito?
Pues bien, hay ciertas características intrínsecas que podemos ir develando en el contexto de acción histórico a partir de las prospectivas educacionales, vale decir, la sociedad del conocimiento como una actividad subversiva en lo relacionado a patentar nuevos paradigmas educativos.
Como esencia y producto del proceso educativo conjugar los siguientes rasgos del educando: un sujeto capaz de insertarse oportunamente en la globalizacion económica y en los intensos procesos de cambio productivo, capaz de dialogar oportunamente en los espacios decisorios y capaces de ejercer sus derechos politicos en una democracia participativa. Capacidad para insertarse con mejores ingresos en el mundo laboral, capacidad de gestión y organización, capacidad para discernir información estratégica, capacidad para comunicar en espacios públicos, capacidad para aplicar conocimiento básico con fines productivos: todas estas son destrezas o códigos que la educacion debe estar hoy en condiciones de infundir. En la misma dirección, una educacion que prescribe las funciones d el futuro deberá generar capacidad de abstracción, desarrollo de un pensamiento sistemico, complejo e interrelacionado, capacidad de experimentación y de colaboración, trabajo de equipo e interacción con los pares. En suma, una educación fluida e interactiva que configura una mente escéptica, curiosa y creativa. Y mas adelante, como si no fuera poco, añade. La educación propende a superar la negación del otro y a expandir la multiculturalidad .
Proponerse estos objetivos es típico de una razon delirante desprovista de un sentido efectivo que permita plasmar la realidad del educando. No obstante lo cual, nos tranquiliza es que tanto el diseño como la implementación de proyectos educacionales, pletóricos de tantas buenas intenciones , obviamente típico en los paraísos soñados del Chile de Hoy como perpetrador de modelos de enseñanza alternativamente mediocres
No pueden realizarse por una razon epistemologica se carece del conocimiento minimo para llevarlos a cabo ¿el conocimiento de si mismo no continua siendo acaso el mas difícil de los conocimientos? ¿Que poco se sabe todavía con respecto a como infundir en el otro, conocimientos, destrezas y valores?
Los planes y programas de estudios que se aplican en Chile, elaborados de acuerdo al decreto que establece objetivos fundamentales y contenidos mínimos, tiene ese carácter exhaustivo, corresponden, a nuestro juicio, al desmadre de esta razon constructivista. En verdad, resulta curioso como la razon, que fue objeto de tantas críticas durante el siglo pasado, subsista, aquí, en la educacion, imbuida de una santidad y omnipotencia teorética.
Por ende, el abismo entre lo que la educacion promete y lo que efectivamente concede es y no puede ser sino enorme. Por lo mismo, resulta, en esencia, obvio que se debe iniciar esta manera de ser sujetos cuyo capital cultural sea coincidente con las demandas tanto laborales como socializantes que suscita la sociedad del conocimiento. Lo importante radica en invocar a la disciplina en hacer bien las cosas, no obstante en nuestro país e so cuesta asimilarlo y, por cierto, manifestarlo.
¿Acaso nuestro país esta preparado para adoptar y, por cierto adaptar la tecnología digital provista, eso si, de un superávit de capital cultural ejercido por las autoridades competentes como por los individuos en este modelo cultural imperante que supone excesiva competitividad en lo cual nuestra educación es sencillamente permeable a la excelencia académica?
Por ello, mencionaremos un extracto testimonial que versa sobre la preponderancia del conocimiento inmersa en la sociedad del conocimiento y, de acuerdo a esto, nuestro país debe promover e implementar políticas publicas que signifiquen un capital humano así como un el profesor adecuadamente capacitado para los avatares del constante proceso de generación del saber humano.
No podemos seguir entonces tratando de mejorar una educación que es aún hija de la imprenta de hace 500 años. La información y los datos se expanden más rápido que la capacidad humana de procesarla sin las nuevas tecnologías. El matrimonio con éstas, entonces, es ya de por vida, especialmente en la educación.
Veamos algunas categorías importantes en ésta. Para partir hay que destacar que si antes era posible separar las nociones de educación, entrenamiento y capacitación, hoy simplemente ya no lo es. Hay que hacerlas todas a la vez y eso no se puede realizar de la misma manera que antes. Más crítica aún es la necesidad de revisar la relación entre método y contenido. Históricamente, el foco era la acumulación de contenidos, y el método estaba siempre al servicio de ese fin. Pues bien, cuando el conocimiento se expande de la manera antes señalada, el método es el contenido. Ello no es trivial. Esto nos pone en la lógica de los metalenguajes de tipo postsimbólico, propios de esta nueva era digital. Ahí está la gran clave del desafío de este siglo.
¿De qué estamos hablando entonces? Bueno, hablamos de que lo más relevante es hoy saber acceder al conocimiento, los datos y la información. Que necesitamos saber gestionar el conocimiento más que acumularlo. Que la memoria principal es digital y externa al hombre. Que necesariamente debemos prepararnos para convivir con nuevas formas de inteligencia artificial que vienen en camino. Que debemos entender la lógica de una nueva “mente tecnológica colectiva” y acceder a ésta. En fin, un desafío monumental, que tiene muy poco que ver con el lucro y el acceso. Es una pregunta diferente. El error colosal de asunto de estado, en este caso, del Chile que estamos escudriñando es resolver muy bien la pregunta incorrecta. Eso es el proyecto actual.
La misma tecnología que nos agobia aporta herramientas de solución. Hoy se preparan computadores a precios que serán de acceso universal. La banda ancha será ubicua. Cada habitante tendrá acceso telefónico individual inalámbrico (celular). Las redes dinámicas serán la lógica de las relaciones entre personas. Hoy la información puede estar en todos los nodos de decisión al mismo tiempo, con la misma calidad, y eso cambia la lógica de las organizaciones y el aprendizaje.
Hoy es posible tener todos los contenidos que se quiera en formatos mutimediales, de alta capacidad pedagógica, en la forma de un colegio ideal virtual, al que pueden acceder absolutamente todos los alumnos de un país de manera simultánea. Sólo se necesita una conexión a internet, un data y un facilitador. Probablemente, el 80 o 90% de los contenidos pueden estar “empaquetados” en clases de primera calidad, que deben ser acompañadas por un profesor de sala, que agrega, complementa, comenta, debate. Esas clases están siempre disponibles para los alumnos para ser repasadas una y otra vez. Las clases se mejoran de manera continua y los profesores ahorran una gran cantidad de tiempo.